jueves, 12 de noviembre de 2015

En cada paso
me he ido derramando
y me vertí por las rendijas
de las hojas secas del parque.

Le conté a los árboles
mi secreto
y se llovieron sobre mí
los últimos colores del otoño.
Y no me consolaron.

En este banco,
que no es mi casa,
que no eres tú,
decido quedarme.
Porque no soy Penélope
ni estoy hecha para mantener distancias
que se me deshacen
al respirarte.

Aunque tarde, el invierno
vendrá a desnudarme de esperanzas
y vestirme de frío los pies.

Porque me he caído,
del todo,
sin red.
Y al levantarme
se me van las últimas fuerzas que necesito
para seguir.

Úr Qazris

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